domingo, 26 de abril de 2026

Cuatro tebeos sobre nuestra Edad Media

La Edad Media tiene algo que, muchos siglos después, sigue atrayendo miradas. Y precisamente, sobre este período y atracción, trata la siguiente entrada, con distintos episodios del Medievo español vistos por un buen abanico autores patrios.

 



En ¡Cargad, malditos!, de Javier Ara (https://www.instagram.com/fj_ara/), en el año 1212 los reyes de Aragón, Castilla y Navarra van camino de enfrentar a los almohades y a su emperador, Al-Nasir, un enemigo que puede trastocar todo lo andado hasta ahora en la Reconquista. Ahora bien, los conflictos internos con los cruzados ultramontanos, la retaguardia castellana vilipendiada por el rey de León, las desavenencias y reyertas entre los tres monarcas hispánicos tienen el buen avance de la campaña en juego. ¿Llegarán los cristianos a enfrentar a los musulmanes o se disolverán ante las riñas intestinas y las buenas posiciones enemigas?

Si bien este tebeo no es el único o el primero dedicado a la trascendental batalla de las Navas de Tolosa, si que se hace muy entretenido de leer. Para empezar, por su estilo cartoon, el cual está pidiendo a gritos que se haga una obra animada del presente volumen: diseños de personajes y vestuario de los más atractivo e histórico en cuanto a prendas y armamento, no hay miedo a meter los vistosos colores de la heráldica de la época en las viñetas, se hacen vistosas de una forma u otra tanto escenas tranquilas como bélicas… La animosidad entre Alfonso VIII, Pedro II y Sancho VII, todos y cada uno de ellos teniendo su parte de razón en algún momento, es otro aliciente, así como la manera en la que se muestra lo difícil que es montar una campaña militar desde el punto de vista logístico, político y estratégico. A destacar, por la original sorpresa que supone, la dinámica del pastor que conduce a las huestes cristianas hasta Mesa del Rey para superar las avanzadillas de Al-Nasir y poder así presentar batalla en igualdad de condiciones. Lo único criticable que se me ocurre es que los personajes, cuando son malhablados, imprecan con tacos actuales, aunque con lo épica que es la obra se puede perdonar este anacronismo.

 



En Jaime I. La rebelión mudéjar, de José Manuel Arellano (https://www.instagram.com/jmarell81/), somos testigos como entre los años 1264 y 1266, en el suelo murciano y sus aledaños, se rebela la población musulmana contra el gobierno cristiano de Castilla. Alfonso X el Sabio, en campaña en Andalucía, no puede hacerse cargo del frente murciano, así que le pide ayuda a su suegro, Jaime I de Aragón, monarca que por deferencia a su hija Violante, reina castellana, accede a socorrer a su vecino.

De todas las obras reseñadas en la presente entrada, esta es sin duda la que más aboga por la paz, aunque sin dejar de señalar en ningún momento que las rebeliones (sin importar el credo o la condición de los sublevados) deben sofocarse de una manera u otra, ya sea con la violencia o la diplomacia. La visión de la guerra está muy bien nivelada, con protagonistas tanto musulmanes como cristianos: entre los primeros destaca Amanlur, un campesino que se ve arrastrado por los acontecimientos y que solo quiere proteger a su esposa e hija; entre los cristianos, si bien la figura de Jaime I es clave y con un buen papel como líder, al que muchos cogerán más cariño es a Alvar, caballero aragonés que, aunque ducho en combate, prefiere rendir al enemigo que aniquilarlo a fin de evitar carnicerías. El hecho de que haya salvajes y héroes en ambos bandos en liza humaniza mucho a ambas partes, además de permitir ver la sublevación desde más puntos de vista geográficos mediante saltos de un lugar a otro, de tal manera que vemos cómo la rebelión triunfa o cae, dando globalidad. El dibujo es correcto, y si bien en algunas viñetas que tienen fondos blancos gustaría ver escenario, el coloreado a lo vieja escuela es de lo más resultón, ideal para los fans de comics clásicos.

 



En La sangre de dos reinas: Crónicas de Pedro I -Primera parte-, de Carlos Peinado Gil (https://www.instagram.com/cpeinado1/) y Francisco Asencio (https://www.instagram.com/francisco_asencio/), vemos como Pedro I, tras vencer en la batalla de Nájera (1367) a Enrique Trástamara, se pone a recordar cómo se ha originado la guerra civil en Castilla, por la enconada enemistad entre su madre, María de Portugal, y la amante de su padre, Leonor de Guzmán.

Pedro I es uno de esos personajes que cambia mucho según el historiador que lo trate. Para unos el Justiciero, para otros el Cruel, es un personaje que no suele dejar indiferente, para bien o para mal. Aquí, sin embargo, se le aborda en un papel de víctima que no es capaz de controlar su destino, ni como príncipe heredero ni como joven rey: víctima de un padre que lo despreciaba, víctima de las intrigas de su madre, víctima de las ambiciones de Leonor. De esta manera, la mayor parte de la obra orbita cuando el protagonista tiene entre 15 y 17 años (sin contar con la introducción de Nájera), de tal manera que al aristócrata se le coge compasión por la falta de cariño que tuvo. El dibujo cumple bastante bien en lo que a ilustrar el ambiente de intrigas y víboras por el que se mueve Pedro I, tanto de su bando como del contrario; de criticar algo, un par de cosas: que algunos rostros se parecen mucho entre sí y que se echa de cuando en cuando en falta algún fondo. No se sabe por el momento nada de una segunda parte, pero la presente historieta cumple muy bien por sí sola como introducción a la figura del polémico rey castellano.

 



En A rey muerto. 1369: Montiel, de Carolina Corvillo (https://www.instagram.com/carolinacorvillo/) y Sergio García (https://www.instagram.com/sergiopictura/), la rivalidad y odio entre Pedro I y Enrique de Trastámara, hijos ambos de Alfonso XI, está a punto de llegar a su desenlace. Montiel será la tumba de uno u otro, ya que la inquina que se profesan y que ha provocado una guerra civil en Castilla, no permite otra cosa.

Lectura idónea para catar a continuación de la anterior. De esta se puede decir que, si bien en las anteriores obras reseñadas en esta misma entrada había espacio para la esperanza o para la épica, la palabra que mejor define a esta es tragedia. Así, la lucha fratricida que albergan las páginas del presente volumen no se siente de cantar de gesta, sino de algo que se tenía que haber evitado por todos los medios. La guionista ha seleccionado muy bien que momentos históricos llevar al papel: las diez primeras páginas a la adolescencia de Pedro y Enrique, de tal manera que se plantean muy bien las semillas de la enemistad entrambos; el resto de páginas, por otro lado, están dedicados al mes de marzo de 1369 en Montiel y en sus alrededores, con cierto planteamiento entre obra teatral y cinematográfica. Y es que, respecto a esto último, hay opciones interesantes a la hora de ilustrar a los personajes, con algunos rostros famosos como Chris Pine o Amy Winehouse. Por otro lado, si en el tebeo que Sergio García dedicaba a Orellana pecaba de tener un coloreado muy tenue y apagado para lo que es el Amazonas, aquí esas tonalidades tristonas y melancólicas van como anillo al dedo. De criticar algo: el blanqueamiento de figuras como Leonor de Guzmán o Bertrand du Guesclin, aunque el tono general de la obra sobre la locura en el mundo compensa esto en cierta medida. 




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