lunes, 4 de noviembre de 2019

Protagonista, de Altozano, Lafuente, Ilych y Garrido

En la reseña de hoy toca hablar sobre Protagonista, el comic que cuenta con el guión de José “Dayo” Altozano (https://twitter.com/DayoScript) y con un apartado artístico, es decir, planificación, dibujo y color, en manos de, respectivamente, Ulises Lafuente (https://twitter.com/RataUnderground), Pablo Ilych (https://twitter.com/Pabloilyich) y Andrés Garrido (https://twitter.com/andreslaoveja).


David va a la universidad y acaba de cumplir años. Tras un festejo que no termina de ser ni de su gusto ni del de sus mejores amigos, Pedro y María, el joven vuelve a su casa para descansar y dormir. Cual no será su sorpresa cuando Kawachii, un gato parlante y alado, le despierte, aclamándole como el Heraldo del Cambio, héroe destinado a transformar el mundo. Pero puede que esta no sea una aventura tan sencilla como las de las películas y los videojuegos…
                                                                                                                          
Hay varias maneras de definir Protagonista: una es la parodia de los arquetipos clásicos del manga y el anime; otra es el fracaso de un héroe, y no solo a nivel heroico, sino también a nivel personal y vital. Sea como sea, este comic siempre dirá algo a quién lo lea.

Desde el punto de vista paródico, ya en cuánto se ve a Kawachii uno entiende la referencia a historietas como Cardcaptor Sakura o Sailor Moon, con animales mágicos que hacen de amigos, consejeros y guías de los personajes principales. Y aquí viene el primer golpe de efecto: Kawachii es un compañero fiel, pero es un guía pésimo para David y apenas sabe asesorarle cómo es debido. Lo mismo se puede decir de los estrictos maestros y de los personajes femeninos que solamente son una cara bonita: son puestos en ridículo a través de las figuras de Hagate y Namimi, respectivamente, el primero con una empatía casi nula en lo referente a su discípulo, y la segunda apenas aportando nada a la trama más que el atractivo físico (atacando duramente el fanservice). Tres cuartos de lo mismo se puede aplicar al villano de la obra, Nageku: sabemos que su objetivo es invocar al demonio Asmodeo para destruir el mundo… pero nada más. Ni pasado, ni motivaciones. Está hueco. Y todo esto no es casualidad, ya que Dayo ataca todos estos tópicos nipones para resaltar lo absurdos y/o nocivos que son en muchos casos; y no de manera simpática como ya hiciera Jesulink, sino de forma mucho más caústica.


Respecto a la caída del héroe: David no es un buen ejemplo de persona, con su talante ciertamente egoísta y que mira antes por sí mismo que por los demás. El hecho de que padezca depresión es un aliciente interesante y, sumado a todo lo anterior, es una llamada de atención impactante para afear conductas negativas como las ya referidas. Y como ejemplos de lo anterior, el momento en que David es incapaz de conectar como ser humano con Pedro cuando este está atravesando una experiencia traumática llena de remordimientos o el hecho de que sea incapaz de prestar atención a los problemas de María con Carlos, su antiguo novio. A modo de curiosidad: Pedro y María, amigos reales, son mucho más realistas y mucho menos planos que los ya mencionados Hagate y Namimi. Volviendo a David, vale la pena señalar que si bien sí que quiere ser un héroe y ser el protagonista de un suceso importante, no lo hace en pos de ayudar al prójimo, sino por poderse poner realmente al mando de su vida y sentirse importante, algo que le hará equivocarse y cometer muchos errores de distinto tipo. De criticar algo en este sentido, sería que hay determinados momentos o escenas de su periplo protagónico que no reciben todo el detenimiento que merecen y que dan la sensación de no haberse detallo o explicado todo lo que deberían. Fuera de esto, el final de la odisea de David, tras una primera lectura, Dayo consigue un efecto demoledor: deja mal cuerpo en el lector. Y lo hace con momentos duros, sí, pero más que valiéndose del melodrama, lo logra con el uso de las malas decisiones y malas maneras de afrontar la vida.

Ahora bien, frente a esta manera tan deprimente de acabar el tebeo, hay un pequeño resquicio de esperanza al que uno puede aferrarse. En la segunda lectura, un servidor prestó más atención a una viñeta (página 15, aunque es difícil de decir al no estar numeradas) en la que se aprecia que, en el ordenador de David, este lleva sin tocar un documento llamado “guion”  cerca de un año. Pues bien, los sucesos extraordinarios en la narración no empiezan a suceder hasta después de la visualización de la pantalla y del documento. Y, al estar las últimas escenas del tebeo visualizadas como un comic dentro de un comic, se puede interpretar que David ha canalizado toda su frustración y depresión en una obra artística. Y que me perdone el guionista si caigo (y casi seguro que es así) en la tan peligrosa sobreinterpretación, ya que es eso, o compararnos con David por el paralelismo de la primera y la última página.


Respecto al dibujo, pese a que el proceso de abocetado lo llevó a cabo Ulises Lafuente (de forma muy cinematográfica, además), el trabajo con los lápices y tintas como tal ha estado a cargo de Pablo Ilych. El dibujo de este respeta mucho al guión en lo referente a diferenciar lo realista de lo más inverosímil sobre el papel. Así, mientras que el vestuario de Pedro y María es indistinguible del nuestro, el de Hagate y Namimi parecen más propios de un videojuego o de una película subida de tono. Mención especial para Kawachii, por la apariencia de dibujo anime que contrasta bastante bien con la del resto del elenco. De hecho, brilla con luz propia, casi como si fuera un faro, sobresaliendo en esta labor el coloreado de Andrés Garrido. El susodicho, además, logra usar muy bien diversas tonalidades para transmitir el sentido trágico de la historia, tal y como con los lilas tras el primer encuentro con Nageku o los verdes tras del velatorio. Volviendo a Ilych, es capaz de dar lugar lo mismo a escenas costumbristas, tal y como las de la vida universitaria o las de una discoteca, y al mismo tiempo otras mucho más crudas y desagradables, tal y como la de cierto personaje desangrándose o la de otro siendo asfixiado entre lágrimas. Poca belleza en el sentido estricto de la palabra hay entre las páginas de este tebeo, salvo quizás la mirada de genuino arrobamiento de Kawachii hacia David o la María hacia el familiar.

En conclusión, si os gustan las tragedias que esconden reflexiones tanto sobre la literatura como sobre el ser humano, con unas cuantas vueltas de tuerca ácidas sobre arquetipos varios, no dudéis en leer Protagonista. Podéis haceros con este comic de 166 páginas gracias a la editorial Vivelibro y a los mecenas que creyeron en este proyecto de micromecenazgo por un precio de 25€: https://editorial.vivelibro.com/products/protagonista

Por último, la dedicatoria que me hizo Dayo en el tomo después de la presentación de esta obra en Omega Center, allá por septiembre de 2019 y que yo no habría conseguido se no ser por la amabilidad del autor y la buena fortuna de toparme con él antes de que se alejase demasiado de la librería. ¡Gracias de nuevo!


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