En la reseña de hoy toca hablar de Flandes: 1566-1573, tetralogía de tebeos cuyo autor es Antonio Gil (https://www.instagram.com/antonio_gil_autor/).
En los inicios del reinado de Felipe II, el protestantismo
está calando en los Países Bajos, con cada vez más conflictos entre los
partidarios de este y el catolicismo. Tanto es así que al rey de España llegan
peticiones de ayuda de Margarita de Parma, hermana de aquel y gobernadora del
territorio. Ante el cariz que está tomando el asunto y los diversos candidatos
disponibles, Felipe II manda a los Países Bajos al III Duque de Alba, Fernando
Álvarez de Toledo, veterano militar probado durante el reinado de su padre. Ni
leales ni rebeldes lo saben todavía, pero está a punto de empezar una guerra
tan amarga como larga: la de los Ochenta Años.
“Poner una pica en
Flandes”, según nuestro refranero, implica hacer algo muy costoso y difícil.
Esta expresión tan nuestra ya deja a claras como en el imaginario español ha permeado
la imagen de un Flandes peliagudo. Y no es para menos: un trozo de mapa que no
paraba de tragar sangre y dinero, rehuido por el sol, empantanado y lleno de
enemigos jurados como fueron los holandeses.
Pues bien, la presente serie de tebeos ilustra muy bien aquellos primeros años de una guerra que estuvo cerca de durar un siglo; concretamente, la narración se centra en los años que estuvo en el Duque de Alba como gobernador de aquellas tierras. El primer acierto que tiene el comic es narrarlo y explicarlo todo desde varios puntos de vista, tanto en el lado protestante como el católico. De esta manera, el autor sabe mostrar muy bien los puntos de vista de ambos lados de la guerra, tanto en el caso de los más moderados como de los más extremistas, así como nobleza y pueblo llano, militares y civiles. Ahora bien, los dos personajes que vertebran el relato son, sin duda, dos: por un lado, Juan de Olite, capitán de los Tercios que, ya retornado a Madrid en 1574 falto de una pierna, no es capaz de dejar de recordar la guerra ya licenciado y a los amigos y a la amada que perdió durante la misma. Olite no es solamente un buen enlace entre el presente en Madrid y el pasado en Flandes, sino que, junto a sus camaradas, es un más que bello y sentido homenaje tanto al soldado de los Tercios en particular como al soldado español en general que luchaba por algo más grande que el mismo. El otro personaje vertebrador es el Duque de Alba, al cual como general es casi perfecto, , pero como político comete errores, tanto cuando es inmisericorde como cuando es piadoso, mostrando dudas muchas veces sobre cómo actuar en sus funciones de gobernador e incluso rodeándose de consejeros al ser un puesto este para el que no se considera capacitado. Si a todo lo anterior sobre el Duque se añade la relación de respeto y admiración que le tienen sus tropas y el temor de quedar como un monstruo para la posteridad por culpa de la leyenda negra, el retrato que se nos ofrece de Fernando Álvarez de Toledo es más que interesante, con un personaje entre calderoniano y shakesperiano y que huye de maniqueísmos.
La historieta cumple muy bien también como documental en lo
que se refiere a explicar al lector cómo se sucede la rebelión y la posterior guerra.
Se detiene más en las decisiones políticas y estratégicas de católicos y
protestantes antes que en desarrollar las batallas, las cuales no ocupan más
que un puñado de viñetas en cada caso. Si bien esto resta algo de espectacularidad
al conjunto, también es cierto que ayuda a darle ritmo a la lectura y con gran
atención al detalle: no solamente se presta atención al teatro de operaciones flamenco,
sino también al escenario internacional de la guerra, con no poca importancia
de las intervenciones de los ingleses o de los hugonotes franceses. Detalle
también hay en elementos como los distintos tipos de vivanderos que seguían a
los Tercios para atender las necesidades logísticas y humanas de sus soldados o
las tácticas de combate (como la gran encamisada de Olite y sus compañeros de
armas), lo cual viene a señalar el gran ejercicio de documentación que se ha
hecho por parte de Gil para llevar esta obra a buen puerto. Mención especial
merece también el ejercicio de síntesis del autor para encuadrar siete años de
guerra en cuatro tomos, más otro con el regreso a casa de uno de los veteranos.
No se puede obviar tampoco lo rápido que se devora la lectura: un servidor se acabó
en el mismo día toda la tetralogía.
Respecto al dibujo, las viñetas de Antonio Gil son muy
barrocas, en el mejor sentido de nuestro Siglo de Oro: lo mismo representan muy
bien el poder de la corte de Felipe II y sus allegados que la oscuridad de las
conjuras, guerras y masacres. Aquí la buena labor de documentación también hace
acto de presencia: vestuario, armas ofensivas y defensivas, tácticas de
combate, determinados gestos, arquitectura… Las escenas bélicas pueden resultar
épicas o trágicas en función de lo que desee mostrar el autor, siendo
especialmente bonitas y cercanas las escenas que comparten Olite y sus amigos
Villasclaras, Arcos, de la Mata y Ramírez. Saqueos, golpes de mano, asedios,
batallas campales… lo más sucio y zafio de la guerra recorre las viñetas del
tebeo, tal y como manchas de sangre y barro, aunque solo en algunos momentos se
cae en escenas realmente desagradables, tal y como con la pérdida de la pierna
de Olite. De poner una pega es que hay momentos en los que se confunde a
algunos personajes entre sí por ser el estilo de las barbas y bigotes de la
época no muy variado, aunque esto queda compensado por lo expresivos que son
los personajes en lo facial y corporal. No queda sino que señalar la gran labor
de coloreado del tebeo, especialmente a partir del segundo tomo, cuándo este ya
queda bien asentado, con una mayoría de escenas brumosas y un puñado de luminosas
que reflejan muy bien la tónica general del comic.
En conclusión, si os gustan las historias bélicas que no se
dedican a señalar buenos y malos, son detalladas y te hacen saber más de la
Historia sin caer en estereotipos, dadle una oportunidad a la saga de Flandes:1566-1573.
Podéis haceros con estos cuatro tomos de
la editorial Cascaborra por un precio de 16€ (los dos primeros) o 17€ (los dos
últimos), todos y cada uno de ellos con 64 páginas en las que, además de la
trama principal, hay algunos extras a modo de prólogos y epílogos. Si bien es
cierto que hay un par de números agotados, es de suponer que Cascaborra los
reedite, puesto que son de lo mejorcito de su colección.
Por último, la dedicatoria que me hizo en el primer tomo el
amable Antonio Gil durante el Salón del Cómic de Granada de 2021. ¡Gracias de
nuevo!







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