domingo, 12 de abril de 2026

Tres obras con las que celebrar el trigésimo aniversario de Pokémon

Pokémon, la exitosa franquicia de monstruos de bolsillo, ha cumplido este 2026 treinta años. Y, para celebrar la efeméride (cómo pasa el tiempo...), tres recomendaciones para disfrutar de esta saga fuera de videojuegos o del anime.




En Pokémonster Hunter Codex, de Luis Montes (https://www.instagram.com/luismontesart/), se nos presenta un bestiario con los 151 pokémon originales de Rojo y Azul, así como preevoluciones y evoluciones añadidas en juegos posteriores (e incluso con algunas formas descartadas de por medio), pero con varias particularidades. Para empezar, que están dibujados por la mano de Luis Montes, pero de una manera alejada a su estilo manga más habitual: la estética de las criaturas de vuelve mucho más realista en no pocas ocasiones, particularmente cuando están basados en animales de nuestro mundo, tal y como con el caso de Diglett, por poner un solo caso; pero es que, cuando no están basados en seres de nuestro mundo, también hay resultados interesantes y que van de lo curioso a lo perturbador, tal y como con Voltorb o Muk. Otra cosa a tener en cuenta es el cómo se nos brinda información de cada pokémon por parte del autor, no solo con el aliciente de hacerlo a través de un investigador de Paldea, sino combinando datos de los videojuegos, anime, teorías de los fans e invenciones propias, con lo que la lectura es de lo más entretenida. Por último y para hacer que la lectura se salga de lo habitual, el volumen está dividido en dos mitades, en homenaje a Rojo y Azul, como los ya citados juegos, dividiendo a las criaturas en dos mitades, de tal manera que se sabe que se ha llegado a la mitad del libro en cuánto este aparece volteado a la inversa. En conclusión, un tomo muy interesante en lo visual, así como entretenido de leer, juntando lo zoológico en ocasiones con lo humorístico e incluso lo macabro.



En 1001 curiosidades de PKMON: 1ª Generación, de Héctor Hierro (https://www.instagram.com/hhierro_/), se nos cuenta en detalle sobre la primera generación de videojuegos de la saga: la inspiración de su creador, Satoshi Tajiri, así como los complicados inicios de la primera tanda de juegos de Game Boy; tras ello, pasamos a una suerte de guía narrativa de Rojo y Azul, con Hierro contando al lector distintas curiosidades sobre los personajes, cada uno de los 151 pokémon originales, localizaciones y situaciones de Kanto a medida que el jugador avanza por esta región. Luego le toca el turno a Amarillo, surgido del éxito del anime, de tal manera que se pensó el juego para emular los pasos de Ash Ketchum en la primera temporada, con el indiscutible protagonismo de Pikachu, que acabaría por convertirse en la cara visible y amable de Game Freak. Se pasa entonces a hablar de Stadium y Snap, con el paso a la Nintendo 64 y con el gran cambio e ilusión que provocó poder ver a los pokémon en 3D, ya fuera en combate o en medio de una naturaleza de la que tomar fotografías zoológicas a lo National Geographic. El caso es que Hierro, a lo largo de las páginas, hace las narraciones y explicaciones de lo más cercanas, además de devolvernos a la infancia a los que jugamos aquellos juegos cuando éramos pequeños. El apartado visual es muy atractivo, tal y como con algunas capturas de pantalla, con algunas estampas entre abocetadas y entintadas creadas ex profeso para el libro y, sobre todo, con las ilustraciones clásicas de Ken Sugimori, el director artístico de la franquicia. 



En La conserje Pokémon pasamos del medio literario al medio televisivo, con una serie de 8 capítulos (en el momento de escribirse estas líneas) en las que presenciamos como Haru, una joven a la que la vida le ha dado muchos palos en los últimos tiempos, decide darse un cambio de aires y empezar de nuevo: viaja a una isla paradisíaca, sede del Complejo hotelero Pokémon, un balneario donde veranean tanto humanos como pokémon, siendo el trabajo de Haru, como conserje del lugar, velar por atender a los visitantes y asegurarse que se lo pasan lo mejor posible. 

Si las obras anteriores tenían mucho de épico y aventurero, con esta serie de Netflix la cosa cambia: la norma es lo tranquilo y reconfortante, con historias vacacionales y cotidianas, con valores como la paciencia, la amistad o la responsabilidad, por solo mencionar unos pocos. Y ello con una magnífica puesta en escena en stop motion muy disfrutable tanto para grandes como para pequeños, siendo especialmente bonitos los pokémon con diseños animales, por el recubrimiento de felpa de sus figuras. La banda sonora también es digna de mención: transmite muy bien la sensación de veraneo y tranquilidad que el Complejo provoca en sus visitantes o incluso en la propia Haru, que poco a poco, junto al simpático Psyduck de la que se hace muy amiga, evoluciona poco a poco.

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