Hoy toca hacer varias reseñas de distintas sagas que un servidor sigue en estos momentos, todas ellas de temáticas y géneros bastante variados.
Caballero de Castilla
domingo, 12 de julio de 2026
Terceras partes varias y alguna cosa más de rebote
domingo, 5 de julio de 2026
La guerra de Audrey, de Salva Rubio y Loreto Aroca
En la reseña de hoy toca hablar de La guerra de Audrey, tebeo que tiene por guionista a Salva Rubio (https://www.instagram.com/
lunes, 29 de junio de 2026
Piezas, de Víctor L. Pinel
En la reseña de hoy toca hablar de Piezas, tebeo obra de Víctor L. Pinel (https://www.instagram.com/victorlpinel/).
Un voluntario que visita a una ajedrecista refunfuñona y
aislada en una residencia de ancianos. Marion, directora de la residencia de
ancianos en medio de un duro divorcio. Un enfermero que allí trabaja y cuyo
marido trabaja para una ONG en Costa Rica. Un famoso actor que siente una vida
vacía al haberle canibalizado su personaje. Una estudiante nueva y modosita que
llega al instituto y llama la atención del chico más guapo y popular del mismo.
Dos amigas, una con miedo al compromiso y la otra a punto de casarse. Un
matrimonio con aficiones muy dispares. La vida de todos ellos se entrelaza sin
que ellos lo sepan y forman parte de algo mucho más grande, como si piezas de
ajedrez se tratasen, pero que no están a la búsqueda del combate, sino del
amor.
A Víctor L. Pinel ya lo hemos visto en este blog cuando se
reseñó la segunda temporada del Taller (https://caballerodecastilla.blogspot.com/2013/12/el-taller-2-temporada-de-esdip.html)
o La casa de la playa (https://caballerodecastilla.blogspot.com/2022/07/la-casa-de-la-playa-de-severine-vidal-y.html).
Pues bien, toca hablar de una obra totalmente suya. Y vaya obra: el presente
tebeo en un collage de distintos personajes y tramas que, si no es perfecto en
su estructura, le falta poco. La manera en la que están unidos entre sí todos
los hilos argumentales da lugar a una perfecta telaraña en la que no sobra
ningún enlace, con las acciones de todos y cada uno de estos hilos creando
conexiones y repercusiones que afectan al resto del elenco y su devenir en la
historieta. Si profundizamos en el abanico de personajes, además de ser muy
variados en cuánto a oficios u ocupaciones, también lo es en cuanto a edad y
forma de pensar; así, hay desde adolescentes a ancianos y lo mismo hay gente
frívola que desencantada o romántica o agarrada a la más pequeña esperanza. Por
todo lo anterior, además de a la buena estructura narrativa, también hay que
elogiar al costumbrismo y verosimilitud de los personajes presentados, los
cuales se hacen de lo más realistas con su ir y venir por las viñetas. El hecho
de que no todas las historias de amor acaben bien, aunque deja un sabor
agridulce, también ayuda a darle veracidad al tebeo, ya que el desamor no deja
ser otro sentimiento muy humano. Sorpresas hay unas cuántas durante la lectura,
tal y como el motor que arrancó a los personajes a actuar o el tiempo en la
obra… pero no adelantemos acontecimientos.
Respecto al dibujo, volvemos a lo dicho antes: Víctor L.
Pinel hace de este comic uno que es un fiel reflejo de lo cotidiano en estos
años: peinados, forma de vestir, las distintas maneras de expresar afecto en
público y privado, los lugares que más visitan unos y otros en los últimos
tiempos… Además de esto, hay bastantes más elementos dignos de mención, como la
naturalidad de los desnudos ilustrados, el cómo hay todo tipo de cuerpos y
rostros y edades o lo expresivos que son en su manera de moverse y gesticular
con cuerpo y manos los personajes para comunicar emociones voluntaria e
involuntariamente. Los paralelismos que se hacen con el ajedrez, al igual que
en la trama al comparar a personajes concretos con figuras de este juego,
también se ven en el apartado gráfico, tal y como en la disposición y
paralelismos entre distintos personajes tanto en el papel de jugadores como en
el de piezas. La gama de colores otoñales, suaves y melancólicos, también le
dan un toque especial a la lectura, con lo que se contribuye en mucho a rematar
así lo visual.
En conclusión, si os gustan las historias corales, bien
montadas y articuladas, con un peso importante de amor y desamor en ellas,
dadle una oportunidad a Piezas. Podéis haceros con esta obra de manos de
Nuevo Nueve por un precio de 25€, incluyendo entre sus 176 páginas un epílogo
muy muy de agradecer.
Por último, la dedicatoria que me hizo en el tomo el amable
Víctor L. Pinel durante el Salón del Cómic de Valencia de 2025. ¡Gracias de
nuevo!
martes, 23 de junio de 2026
Reseñas de obras rubricadas durante la Feria del Libro de Madrid de 2026
Si bien no he podido pasar tanto tiempo como hubiera deseado en esta última Feria del Libro de Madrid, sí que es cierto que he hecho alguna que otra incursión en la misma, así como en alguna que otra librería capitolina en la que también dedicaban autores con el magno evento como telón de fondo.
domingo, 7 de junio de 2026
¡Astrid!, de Arkaitz González
En la reseña de hoy toca hablar de ¡Astrid!, tebeo obra de Arkaitz González (https://www.instagram.com/arkaitzart/).
lunes, 1 de junio de 2026
Tebeos con mar, marinos y piratas
El mar, con toda su inmensidad, suele representársenos como un escenario de libertad, viajes, aventuras y no pocos peligros. Pues bien, en los siguientes tebeos a reseñar hay de todo esto, con todas y cada unas de las historietas ambientadas en el siglo XVIII, época enormemente marinera, y con protagonistas históricos.
domingo, 24 de mayo de 2026
Flandes: 1566-1573, de Antonio Gil – Tomos 1, 2, 3 y 4
En la reseña de hoy toca hablar de Flandes: 1566-1573, tetralogía de tebeos cuyo autor es Antonio Gil (https://www.instagram.com/antonio_gil_autor/).
En los inicios del reinado de Felipe II, el protestantismo
está calando en los Países Bajos, con cada vez más conflictos entre los
partidarios de este y el catolicismo. Tanto es así que al rey de España llegan
peticiones de ayuda de Margarita de Parma, hermana de aquel y gobernadora del
territorio. Ante el cariz que está tomando el asunto y los diversos candidatos
disponibles, Felipe II manda a los Países Bajos al III Duque de Alba, Fernando
Álvarez de Toledo, veterano militar probado durante el reinado de su padre. Ni
leales ni rebeldes lo saben todavía, pero está a punto de empezar una guerra
tan amarga como larga: la de los Ochenta Años.
“Poner una pica en
Flandes”, según nuestro refranero, implica hacer algo muy costoso y difícil.
Esta expresión tan nuestra ya deja a claras como en el imaginario español ha permeado
la imagen de un Flandes peliagudo. Y no es para menos: un trozo de mapa que no
paraba de tragar sangre y dinero, rehuido por el sol, empantanado y lleno de
enemigos jurados como fueron los holandeses.
Pues bien, la presente serie de tebeos ilustra muy bien aquellos primeros años de una guerra que estuvo cerca de durar un siglo; concretamente, la narración se centra en los años que estuvo en el Duque de Alba como gobernador de aquellas tierras. El primer acierto que tiene el comic es narrarlo y explicarlo todo desde varios puntos de vista, tanto en el lado protestante como el católico. De esta manera, el autor sabe mostrar muy bien los puntos de vista de ambos lados de la guerra, tanto en el caso de los más moderados como de los más extremistas, así como nobleza y pueblo llano, militares y civiles. Ahora bien, los dos personajes que vertebran el relato son, sin duda, dos: por un lado, Juan de Olite, capitán de los Tercios que, ya retornado a Madrid en 1574 falto de una pierna, no es capaz de dejar de recordar la guerra ya licenciado y a los amigos y a la amada que perdió durante la misma. Olite no es solamente un buen enlace entre el presente en Madrid y el pasado en Flandes, sino que, junto a sus camaradas, es un más que bello y sentido homenaje tanto al soldado de los Tercios en particular como al soldado español en general que luchaba por algo más grande que el mismo. El otro personaje vertebrador es el Duque de Alba, al cual como general es casi perfecto, , pero como político comete errores, tanto cuando es inmisericorde como cuando es piadoso, mostrando dudas muchas veces sobre cómo actuar en sus funciones de gobernador e incluso rodeándose de consejeros al ser un puesto este para el que no se considera capacitado. Si a todo lo anterior sobre el Duque se añade la relación de respeto y admiración que le tienen sus tropas y el temor de quedar como un monstruo para la posteridad por culpa de la leyenda negra, el retrato que se nos ofrece de Fernando Álvarez de Toledo es más que interesante, con un personaje entre calderoniano y shakesperiano y que huye de maniqueísmos.
La historieta cumple muy bien también como documental en lo
que se refiere a explicar al lector cómo se sucede la rebelión y la posterior guerra.
Se detiene más en las decisiones políticas y estratégicas de católicos y
protestantes antes que en desarrollar las batallas, las cuales no ocupan más
que un puñado de viñetas en cada caso. Si bien esto resta algo de espectacularidad
al conjunto, también es cierto que ayuda a darle ritmo a la lectura y con gran
atención al detalle: no solamente se presta atención al teatro de operaciones flamenco,
sino también al escenario internacional de la guerra, con no poca importancia
de las intervenciones de los ingleses o de los hugonotes franceses. Detalle
también hay en elementos como los distintos tipos de vivanderos que seguían a
los Tercios para atender las necesidades logísticas y humanas de sus soldados o
las tácticas de combate (como la gran encamisada de Olite y sus compañeros de
armas), lo cual viene a señalar el gran ejercicio de documentación que se ha
hecho por parte de Gil para llevar esta obra a buen puerto. Mención especial
merece también el ejercicio de síntesis del autor para encuadrar siete años de
guerra en cuatro tomos, más otro con el regreso a casa de uno de los veteranos.
No se puede obviar tampoco lo rápido que se devora la lectura: un servidor se acabó
en el mismo día toda la tetralogía.
Respecto al dibujo, las viñetas de Antonio Gil son muy
barrocas, en el mejor sentido de nuestro Siglo de Oro: lo mismo representan muy
bien el poder de la corte de Felipe II y sus allegados que la oscuridad de las
conjuras, guerras y masacres. Aquí la buena labor de documentación también hace
acto de presencia: vestuario, armas ofensivas y defensivas, tácticas de
combate, determinados gestos, arquitectura… Las escenas bélicas pueden resultar
épicas o trágicas en función de lo que desee mostrar el autor, siendo
especialmente bonitas y cercanas las escenas que comparten Olite y sus amigos
Villasclaras, Arcos, de la Mata y Ramírez. Saqueos, golpes de mano, asedios,
batallas campales… lo más sucio y zafio de la guerra recorre las viñetas del
tebeo, tal y como manchas de sangre y barro, aunque solo en algunos momentos se
cae en escenas realmente desagradables, tal y como con la pérdida de la pierna
de Olite. De poner una pega es que hay momentos en los que se confunde a
algunos personajes entre sí por ser el estilo de las barbas y bigotes de la
época no muy variado, aunque esto queda compensado por lo expresivos que son
los personajes en lo facial y corporal. No queda sino que señalar la gran labor
de coloreado del tebeo, especialmente a partir del segundo tomo, cuándo este ya
queda bien asentado, con una mayoría de escenas brumosas y un puñado de luminosas
que reflejan muy bien la tónica general del comic.
En conclusión, si os gustan las historias bélicas que no se
dedican a señalar buenos y malos, son detalladas y te hacen saber más de la
Historia sin caer en estereotipos, dadle una oportunidad a la saga de Flandes:1566-1573.
Podéis haceros con estos cuatro tomos de
la editorial Cascaborra por un precio de 16€ (los dos primeros) o 17€ (los dos
últimos), todos y cada uno de ellos con 64 páginas en las que, además de la
trama principal, hay algunos extras a modo de prólogos y epílogos. Si bien es
cierto que hay un par de números agotados, es de suponer que Cascaborra los
reedite, puesto que son de lo mejorcito de su colección.
Por último, la dedicatoria que me hizo en el primer tomo el
amable Antonio Gil durante el Salón del Cómic de Granada de 2021. ¡Gracias de
nuevo!







































