domingo, 26 de julio de 2026

El terror que vino firmado del Celsius

En el ya reseñado festival de literatura de la semana pasada hubo, como de costumbre, una apuesta fuerte por el género del terror… y con un servidor se volvieron varios tomos de este género dedicados, a saber:

 



Empezamos por Monstruos ibéricos: Ogros y asustaniños españoles, de Javier Prado (https://www.instagram.com/javiertprado/?hl=es), un excelente y amplio bestiario repleto de criaturas, con bases más o menos reales, que se usaban en el pasado para advertir a los más pequeños de cada casa sobre los distintos peligros que acechan en el mundo. Además de la excelente recopilación y categorización que hace el autor de algunas de estas criaturas (no caben todas ni de broma dada la riqueza folclórica española) en número de sesenta y seis dentro de los diferentes capítulos, tal y como devoradores y tragones o terrores nocturnos, por solo poner dos ejemplos, también es de agradecer el hecho de que se pongan monstruos de toda la geografía española, siendo especialmente interesante cuando la misma criatura aparece en varias regiones patrias. Si nos detenemos en el tema de la investigación, el autor tampoco es manco: ha investigado muchísimas fuentes y se atreve incluso a lanzar hipótesis sobre el origen de algunos de estos mitos que no son ningún disparate, sino todo lo contrario. El tomo es, además de necesario por acercarnos leyendas e historias nuestras que corren el peligro de ser olvidadas, también interesante por acercarnos a la visión del mundo que tenían nuestros antepasados, especialmente en lo que se refiere a los miedos más atávicos. No se puede dejar de mencionar el apartado gráfico de este ensayo: junto a cada criatura descrita, así como en la presentación de cada capítulo, hay una ilustración en blanco y negro con la que Prado plasma al asustaniños de turno, con unas cuantas estampas especialmente pesadillescas en las que aparecen, siniestros y sombríos, unos rostros y siluetas a las que ni de adultos quisiéramos ver entre las sombras.   

 



Luego tenemos Lo que no veo en el bosque, de Isabel del Río (https://www.instagram.com/miransaya/), novela postapocalíptica donde la humanidad se refugia casi en exclusiva en las grandes ciudades tras haberse rebelado contra nosotros la Naturaleza de manera tan violenta como rencorosa. No obstante, hay gente que reside todavía en unos pocos pueblos, si bien la llegada a estos enclaves y la supervivencia de los mismos es empresa complicada. Eloise, en este contexto, huye de su opresiva ciudad para volver a Pico de Lobre, el pueblo del que tan buenos recuerdos tiene de niña con su abuelo y su mejor amiga, Clara, guardabosques en la actualidad. Pero, y para mala suerte de Eloise, la noche en la que llega a la villa, una niña desaparece en la robleda de manera misteriosa… Y es que hay algo al acecho entre los árboles, algo con debilidad por la carne humana.

La mayor fortaleza y debilidad de esta novela es su corta extensión. Lo bueno: es una obra muy rápida de leer, de capítulos muy cortitos que van intercalando puntos de vista (Eloise, Clara, el bicho… y alguna cosa más que no se dirá para no destripar el libro); los diálogos saben cuando mantener el misterio y cuándo liberarlo, además de ser bastante naturales; los tres personajes principales ya citados tienen una buena construcción en unas pocas pinceladas… Ahora, lo malo: se insinúa muchos elementos interesantes, sí… pero no se profundiza en ninguno, lo que es una pena, puesto que había conceptos interesantes que podían haber dado mucho juego. A esto hay que añadir que varios sucesos de la trama se desarrollan demasiado rápido y hubiera estado bien mimarlos un poco más, especialmente en las partes dedicadas al horror corporal y al horror cósmico, dos bazas importantes del volumen. Por volver a lo bueno: la autora se apaña muy bien al hacer encajar entre sí distintos tipos de terror, como los ya mencionados antes, el terror medioambiental y natural (el más detallado) y alguno más que no revelo para sorprender a los posibles lectores. Por concluir en este apartado: obra idónea para amantes de las distopías.

 



Por último, pero no menos importante, cerramos esta entrada con la primera parte de Los caminantes, de Carlos Sisí (https://www.instagram.com/carlos.sisi/), novela en la que un virus se extiende por el mundo a una velocidad de vértigo y cuyos infectados son no muertos que deambulan por doquier, con miradas que rezuman odio cada vez que ven a un vivo antes de lanzarse a devorarlo o infectarlo. Así está la situación en Málaga, donde un buen grupo de supervivientes intenta crear un ambiente seguro y estable en el complejo deportivo de Carranque, todo ello mientras sus escuadras limpian de zombis las zonas aledañas del refugio y se dedican a buscar más supervivientes y recursos. Ahora bien, cuando la situación empieza a pintar esperanzadora, surge de entre las sombras una mano negra que dirige a los caminantes contra pequeños grupos aislados de supervivientes para acabar con ellos. ¿Detendrán esta amenaza los de Carranque o sus cadáveres autómatas se unirán a las legiones no muertas?

Si te gustan las novelas de zombis, enhorabuena: Los caminantes es una saga que te va a encantar. Poco voy a decir que no se haya dicho ya de este libro, pero se intentará: los protagonistas se te hacen muy cercanos y realistas; sus planes y proyectos son verosímiles, tanto en su proyección como en ejecución y resultados (para bien y para mal); a esa mano negra se le coge bastante manía por lo mucho que se simpatiza con los supervivientes, pero sorprende por su particular control de los zombis; se lee increíblemente rápido y de manera muy amena; los muertos vivientes son del todo imprevisibles y en ningún momento hay sensación de control total hacia ellos por parte de los supervivientes… En otras palabras: si eres fan del género zombi, le tienes que dar una oportunidad sí o sí. 

lunes, 20 de julio de 2026

Celsius 232 de 2026: cosas buenas y cosas mejorables

Este año ha ido un servidor al Celsius por tercera vez. De esta manera, además de unir los buenos recuerdos de la edición de 2026 a los de 2021 y 2018, aprovecho para hablar de esta cita literaria ubicada en Avilés. 


Libros que ya tenía antes del Celsius,
llevados a Avilés para ser firmados por sus autores. 
Un poco de todo: rol, comic, novela, ensayo...

El Celsius 232 es un festival literario (aunque da cabida a mucho más) dedicado a la fantasía, ciencia ficción y terror. Este ha año ha celebrado su decimoquinta edición entre el martes 14 y el sábado 18 de julio. De esta manera, esta semana de 2026, los aficionados pudieron disfrutar de unas cuántas charlas y sesiones de firmas por parte de un buen abanico de escritores e ilustradores, así como proyecciones, exposiciones, talleres y exhibiciones varias, tal y como una carpa dedicada a partidas de rol.

Sala polivalente - Tiberio - Tus primeros pasos como master

En lo personal, encuentro que esta edición ha sido muy divertida y entretenida, de tal manera que martes, miércoles y viernes fue un no parar para mí. Ahora bien, ha habido un cambio con respecto a 2018 y 2021: la cantidad de gente. Y es que el evento, por las buenas reseñas y el boca a boca, ha acabado por masificarse. Que nadie me malinterprete: considero que es un excelente síntoma para la sociedad española, por la buena cantidad de lectores que lo anterior implica. Sin embargo, esto también tiene su contraparte negativa: la organización del evento tiene que aprender a solventar esta situación para evitar momentos incómodos como los que se expondrán a continuación, alternando lo bueno con lo malo, por no señalar solo los defectos del encuentro, sino también sus virtudes.


Lo bueno: El plantel de autores

Para empezar, toca señalar el gran número de autores que han acudido al evento, así como los distintos campos que cubrían. Por irnos a mi caso particular, los siguientes son aquellos que me han dedicado su obra: novelistas como Carlos Sisí, Isabel del Río, Noemí Muñiz, Ester León, Alba Cargol y Kiera Azar; escritores de rol como Xabi Ugalde, Óscar Peña y Jorge Coto "Tiberio" e ilustradores como Javier Prado, Daniel Jimbert y Miriam Bonastre.

Centro de Estudios Universitarios - Charla de Ratas en las paredes

Si bien es cierto que celebridades como Christoper Lambert, Callie Hart o Charlie Adlard se cayeron del evento, hay que hacer constar que aquello no fue culpa de la organización y que, pese a estas ausencias, el evento siguió manteniendo una plantilla de invitados muy respetable, tanto en lo que a veteranos como a noveles se refiere. Así, entre los primeros, movieron multitudes Ursula Vernon, Joe Hill, Chris Claremont y Joe Abercrombie, por solo poner cuatro ejemplos.

Lo mejorable: las colas

Ay, las colas del Celsius 2026... 

Ya se comentaba al principio de esta entrada sobre la masificación del evento. Esto provocó varios quebrantos, tal y como que se completara el aforo en varias charlas y hubiera gente que se quedara sin poder asistir a ellas. Pero la peor parte vino justo después de estos encuentros: tras las ponencias, los autores iban a dedicar sus obras en el Firmodromo, carpa pensada para estas firmas.

Carpa de charlas - Presentación de Hooky de Miriam Bonastre

Cada cola de aquí no es que llegara a tener decenas de participantes, sino que podía superar la centena con tranquilidad... y en algún caso llegar al medio millar. Y aquí surge el problema: nunca había un solo autor al mismo tiempo en el Firmodromo, sino varios: de cuatro a seis muchas veces, con dos en una mesa y el resto en otra. El hecho de tener que lidiar con de cuatro a seis colas potencialmente enormes en la plaza Domingo Álvarez Acebal, con las casetas y gente de compras en ellas ya es peliagudo de por sí. Pero hubo un añadido que hizo todo lo anterior más engorroso si cabe: los mecenas vía Patreon del evento hacían una cola paralela a cada autor, teniendo prioridad y antelación sobre los no mecenas.

En pocas palabras, se formaron unos cuantos embotellamientos de los gordos, los cuales podían ser muy agobiantes, más todavía con el calor y falta de sombra de algunas horas y días, particularmente cuando estas de podían demorar por horas; por otro lado, daba la sensación de que aquellas colas no terminaban de acortarse, cosa que fue real en varias ocasiones, puesto que hubo asistentes que, en cuanto terminaban en una fila, acudían a otra por ser también de su gusto el autor que la encabezaba. 

Firmodromo a la izquierda y colas para
el mismo también a la izquierda y a la derecha

¿Soluciones? Para empezar, postes separadores con cintas, como en cines y parques de atracciones, para separar entre sí las colas, como mínimo en su nacimiento y varios metros más allá: eso contribuiría a dar sensación de orden y concierto. Por otra parte, tener muy programado y preparado con cierta antelación dónde va a dedicar cada autor, para que aquellos que quieran hacer cola puedan ir formando ya una fila bien señalizada y sin caos o sobresaltos. Por otra parte, para las firmas con antelación para los mecenas de Patreon, quizás no sería mala idea que recibieran la rúbrica de los autores allí dónde han dado charlas, hayan tenido lugar estas en la carpa de las presentaciones, la Casa de la Cultura, la Casa de las Mujeres o en el Centro de Servicios Universitarios. De esta manera, se descongestiona la zona de firmas al quitarse de encima este área la mitad de las colas y se evitan roces de los mecenas con aquellos que no conocen de esta ventaja para los que patrocinan el evento. 

Asistentes haciendo cola el jueves 16... dos horas antes de la ponencia,
para garantizarse un sitio


Es de justicia señalar que la concesión de números para las colas por parte de la organización también contribuyo en parte a rebajar el problema, al menos en las filas que esta medida se llevo a cabo. Esta medida es especialmente útil para ilustradores, por el esfuerzo extra que tienen ellos al hacer, siempre que pueden, un dibujo junto a la firma, tal y como fue el caso de Miriam Bonastre, que hizo bastantes bustos a sus fans, yo entre ellos.

Número de los repartidos para Hooky o
cualquiera de las obras de Bonastre

Lo bueno: La posibilidad de mecenazgo 

Patreon permite poner su granito de arena a aquellos que quieran echarle una mano al Celsius mediante el siguiente enlace: https://www.patreon.com/celsius232 . Y es que para llevar y alojar a autores en Avilés para una feria de cinco días hace falta dinero. Y la página del evento, además, otorga interesantes recompensas, que van desde souvenirs de cada edición a la ya comentada prioridad en las firmas. 

Si bien es cierto que hubo cierta polémica sobre la existencia de esta distinción (es fastidioso ver que, tras haber hecho media hora de cola te adelantan por la izquierda), la opinión de un servidor es que es totalmente legítima: sin los cerca de 5.000 € reunidos por los mecenas de Patreon, hay autores que quizás no hubieran estado allí para firmar y hacer ponencias. Así que es una recompensa justa para aquellos que se han rascado el bolsillo tener ese privilegio por haber contribuido a mejorar la gala. 

Lo mejorable: El espacio del festival

En 2018 y 2021 me pareció que la plaza de Domingo Álvarez Acebal cumplía bien con su función: tenía su carpa para presentaciones, tiendas en esta o en casetas exteriores, mesas para jugar al rol bajo los arcos, la Casa de la Cultura anexa para las conferencias y, tras ella, el parque Ferrara para actividades exteriores, así como cafeterías cercanas para cuestiones logísticas y la plaza España para las proyecciones al aire libre de la noche.

No obstante, esto ha cambiado hace unos pocos años por la cada vez mayor asistencia al evento, con lo que el espacio se ha quedado pequeño. ¿Soluciones para esto? Por analogía: igual que le han dado a la zona de rol una carpa propia (bastante amplia, por cierto) delante del Museo de Historia Urbana de Avilés, ¿por qué no hacer lo mismo con otras secciones del festival? Así, no sería ningún disparate hacer varias zonas de firmas más allá del Firmodromo de la citada plaza y sus aledaños, de tal manera que el epicentro del Celsius se descongestione y se favorezca así la movilidad en detrimento de los atascos y agobios.

Celsius a la 18:36 el miércoles 15

Lo bueno: Las charlas y otras actividades

Por todo lo visto arriba, las autores no podían explayarse mucho en las dedicatorias en lo que a conversación se refiere. Es por ello que, si se les querían hacer preguntas para que desarrollaran, el momento idóneo eran las charlas previas a las firmas. En general, los presentadores hicieron un buen trabajo al dirigirlas y la labor de los traductores para aquellos escritores no hispanohablantes fue titánica y muy profesional aunque, pobres de ellos, algunos de estos autores se les notaba tímidos y poco acostumbrados a hablar de cara a públicos amplios. 

Carpa de presentaciones - 
Isabel del Río y Lo que no veo en el Bosque

Las charlas lo mismo tenían que ver con las obras más recientes o trayectorias de los ponentes que con temas más dispares, tal y como las que versaron sobre las series de Xena y Hércules, la del Spiderman de los 90 o la de Alf. Para un servidor, la favorita fue la de Javier Prado y Clara Díes y Jorge Iván Argiz sobre La mitología y el mar, una relación de siglos… ¡y lo que queda!, con una imagen de la misma bajo estas líneas.



Entre las actividades a disposición de los habitantes, además de las partidas de rol ya citadas antes, hubo otras, como varios talleres infantiles ideales para los más pequeños de la casa y exhibiciones como las de esgrima histórica dirigidas y presentadas por Pelayo Mejido Díaz, tan divertida como instructiva. Todo ello daba lugar a una programación de actividades con las que era muy difícil no encontrar algo entretenido; es más: a veces incluso había que escoger entre charla o actividad, por ser ambas opciones de ocio paralelas.



Sesión de maquillaje en vivo -
El diablo de Joe Hill


Lo mejorable: Más avisos por parte de la organización

Hubiera estado bien que la organización hubiese sido más comunicativa en dos ámbitos. Por un lado, en las cuestiones más arriba ya señaladas. Y, por otro lado, en las sesiones de firmas que no organizaban ellos, sino las casetas de editoriales o librerías o fanzines del evento. 

La solución a esto es relativamente fácil: más coordinación con estas entidades y pregonar la aparición de sus autores, tanto por redes sociales como por incluso megafonía, tal y como en ferias del libro o salones del cómic.


Lo bueno: la paciencia y entrega de los autores y miembros de la organización

Si los aficionados se entregaron a horas de cola para obtener una rúbrica de sus escritores favoritos, no menor fue la voluntad de aguante de los escritores, que quisieron que todos se llevaran, al menos, su firma junto al nombre del agraciado. Quedan para la leyenda colas de más de tres horas de duración para T. Kingfisher o Claremont aguantando hasta las 23:00 con tal de que nadie se fuera sin un tebeo suyo firmado (el muy zorro, eso sí, aprovechó el fanatismo de muchos que fueron con decenas de grapas para hacer la primera firma gratis y cobrar por volumen a partir de ahí). Sea como sea, muchos hicieron gala de un gran estoicismo, tal y como Matt Dinniman, que firmó de pie y al menos a medio millar de personas sus libros de seguido o Sangu Mandana, que estuvo bajo un sol abrasador sin el cobijo de la carpa por estar aquella llena de autores cuyas sesiones de firmas se habían alargado con tal de tener un detalle con los fans mientras rubricaba sus tomos.

Ted Chiang intentando responder como buenamente 
pudo a cuestiones metafísicas

Mención especial merecen también los miembros de la organización del Celsius. No solo por montar este tinglado, sino por haber intentado en todo momento ayudar a los asistentes con sus dudas, aunque fuera unas veces con mejor o peor fortuna al no saberlo siempre todo por la cantidad de actividades que había, así como con el desarrollo de las ya mentadas actividades. Y, nuevamente, un aplausos para los traductores por su magnídica labor. 


En definitiva: el Celsius es un festival que, aunque mejorable para afrontar su más reciente masificación, sigue siendo un evento de lo más recomendable y al que un servidor piensa asistir nuevamente en el futuro.

Botín del Celsius 2026, tanto con novedades como con
cosillas descatalogadas, así como unas cuantas dedicatorias

domingo, 12 de julio de 2026

Terceras partes varias y alguna cosa más de rebote

Hoy toca hacer varias reseñas de distintas sagas que un servidor sigue en estos momentos, todas ellas de temáticas y géneros bastante variados.




Para empezar, tenemos los tomos tercero y cuarto de La espada de San Eufrasio (reseña de los tomos 1 y 2 aquí), de Pepe Rey y Manolo López Poy (https://x.com/ManoloPoy) y Miguel Fernández (https://www.facebook.com/Miguelentinta), con todo el caos que hubo en Galicia en el año 1465 durante el reinado de Enrique IV. El obispo de Lugo, contra las cuerdas por el corrupto capitán de su propia guarnición, recibe una inesperada ayuda de hombres mandados por el caballero Beltrán de la Cueva, los cuales le ayudarán a hacer frente no solo a sus problemas internos, sino a los abusos e incursiones del conde de Lemos. A toda esta ecuación hay que unir las tropas licenciadas por la ciudad de Santiago de Compostela, que hacen mayor el caos todavía en el Camino, con sus saqueos y rapiñas, así como a la familia de Rosendo y sus vecinos, convertidos en bandoleros, todo lo cual forma un complicado y violento tablero político, con las gentes de Lugo pasando hambre ante la falta de trigo castellano, bloqueado por la situación de guerra.

Buena continuación de los anteriores números, muy fácil de seguir incluso si se llevan años sin seguir a sus personajes. A medio camino entre Canción de hielo y fuego y Robin Hood, esta suerte de western histórico sigue siendo de lo más entretenido de leer, lo mismo hablando de grandes políticos y terratenientes que de la gente de a pie para hacer un fresco muy vivo de los años que precedieron a la insurgencia de los irmandiños. Se sabe aquí ya el motivo tras el nombre de la saga y este le añade al relato cierto fondo místico que encaja mucho con el ambiente medieval del tebeo. El dibujo tiene todo lo bueno de los anteriores números, con un buen trabajo por parte de Fernández en materias como el vestuario o los escenarios para mostrarnos el siglo XV castellano. 



En Carretera fantasma 3 (reseña de los anteriores numeros aquí), de Jeff Lemire (https://www.instagram.com/jefflemire/) y Gabriel H. Walta (https://www.instagram.com/ghwalta/), se da un salto en el tiempo hacia atrás, con todo lo que le ocurrió a Theresa Weaver y a su padre, el agente Donald Weaver, en 1997, y que provocó la desaparición del segundo y las lagunas mentales de la primera, así como el primer contacto de esta con el agente Harold y con todo lo que rodea al misterioso Proyecto Navaja.

Se empiezan a atisbar respuestas del gran misterio que rodea a las paradas de carretera de Billy Bear, pero el guionista sigue manteniendo buena parte del enigma a cubierto, para disgusto del fan más ansioso. De manera lenta, sí, pero sin que haya nada que pueda considerarse relleno, la trama de este thriller progresa a la par que mantiene enganchado al lector. Este volumen, a modo de flashback o analepsis, supone una más que buena road movie de dos compañeros policiales muy distintos que se topan con un caso mucho más grande que ellos y con muchas trabas desde arriba. Ideal para los que gusten de historias sobre conspiraciones, especialmente con el dibujo cáustico y seco de Walta que tan bien retrata la ruta 66. Eso sí: toca armarse de paciencia hasta el siguiente recopilatorio, lamentablemente.



En el tercer número de W0rldtr33 (aquí reseñas de sus números 1 y 2), de James Tynion IV (https://www.instagram.com/jamesthefourth) y Fernando Blanco (https://www.instagram.com/fernandoblancocomic), vemos como Samara "Sam" Winters, hermana de Gabriel, bajo el alias de PH34R conoció la Undernet y cómo fue poseída por ella en 1999, así como la manera en la que sobreviven a esta entidad maligna los pocos humanos que quedan en 2049 tras haber hallado un maduro Ellison Lane un camino que quizás devuelva a la humanidad la paz y sus modo de vida anterior al apocalipsis tecnológico. 

Si en la anterior obra teníamos un salto temporal aquí pasamos a tener dos: uno adelante y otro hacia atrás, muy reveladores ambos, en clave onírica el primero y bajo el prisma distópico pero esperanzado de la segunda. La Undernet y lo que en ella mora sigue siendo tan amenazante como incomprensible, así que en cuánto género de terror la obra cumple una vez más en este tercer número, aunque sin hacer apenas uso del gore en esta ocasión, aunque los desnudos inquietantes y que presagian desgracias siguen a la orden del día. Poco más se puede decir sin caer en destripes sobre este recopilatorio, salvo que el dibujo de Blanco cumple en ambas líneas temporales de maravilla, ya sea en los escasos momentos tranquilos o a la hora de llevar a las viñetas pesadillas tecnológicas.


Por último, en Las Hericornias 2 y 3 (reseña del primer número aquí), de Kid Toussaint (https://www.instagram.com/kidtoussaint/) y Verónica Álvarez (https://www.instagram.com/veronica.alvarez.art/#), el grupo de heroínas sigue en su particular periplo para peregrinar hacia el templo de Aurora, pero las diferencias entre unas y otras, así como el pasado, harán peligrar la integridad del grupo. 

Si bien la presente saga sigue siendo para todos los públicos, esta se vuelve más oscura a partir de su segundo tomo, tal y como cuando se explica por qué Izandre es tan desagradable y puntillosa con las otras protagonistas e incluso con su propia unicornia mediante vistazos a su pasado, con muy buen equilibrio y momentos de transición de este al presente y viceversa. Y es que hay traiciones que duelen y marcan mucho... pero no profundicemos en eso ahora en favor de la sorpresa. Lully supone una buena dosis de misterio al ser muda y no explicar sus objetivos reales al resto de guerreras mágicas (que sus recuerdos no tengan bocadillos de diálogo lo considero tan idóneo como efectivo, por cierto). El encantador dibujo de Álvarez, por otra parte, con sus magníficos diseños de personajes, la misma versatilidad para dibujar lo mismo momentos tiernos que humorísticos o de tensión, también sigue ahí. Así que hay ganas de ver adónde lleva esta historia que se complica por momentos. 

domingo, 5 de julio de 2026

La guerra de Audrey, de Salva Rubio y Loreto Aroca

En la reseña de hoy toca hablar de La guerra de Audrey, tebeo que tiene por guionista a Salva Rubio (https://www.instagram.com/sirsalvarubio/) y por dibujante a Loreto Aroca (https://www.instagram.com/lore.aroca/).



Si bien Audrey Hepburn es mundialmente conocida por su trabajo como actriz, mucho más desconocidas son sus duras vivencias de niña y adolescente durante la Segunda Guerra Mundial. Así, le tocó vivir el conflicto bélico en sus Países Bajos natales desde la invasión alemana de 1940 hasta la liberación de 1945 por parte de los aliados, con tropas de ocupación rapaces, hambre, miseria, bombardeos de los unos y de los otros... Sin embargo, la futura artista se centró en su gran pasión de aquellos años para evadirse de la tan terrible realidad que le tocó presenciar: el ballet. 

Salva Rubio, una vez más, como ya hiciera con Dita Krausová en La bibliotecaria de Auschwitz, nos relata una biografía de una niña que sufrió en sus carnes la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, nos alejamos aquí de las víctimas del Holocausto y nos acercamos en su lugar a la población civil de los países ocupados por los nazis, un porcentaje bastante alto de las víctimas del régimen de Hitler que suele olvidarse en comparación con las minorías llevadas a los campos de exterminio o los soldados que se enfrentaron al Eje. 

El caso es que se narran y se describen muy bien elementos como la carestía, el temor de meterte en un mal sitio en un mal momento, las maneras de hacer frente al hambre como al cocinar pan con todo tipo de masas alternativas, el aburrimiento de estar encerrado en casa sin nada que hacer y cómo la tensión generaba animosidad entre los familiares... En este sentido, mención especial se merecen los familiares de Audrey, tal y como aquellos que estuvieron huidos y escondidos durante la ocupación por sus ideas políticas, el entrañable abuelo de la protagonista, o la estricta y maquiavélica madre de Hepburn, la cual supo jugar muy bien su papel de colaboracionista unas veces y de auxiliadora de la Resistencia en otras. Y, hablando de la Resistencia: aunque un tanto por encima, se hace ver el papel que tuvo la futura actriz en su niñez ayudando a esta organización, lo mismo escondiendo a un paracaidista británico que animando a los agentes patrios con su ballet. La danza es probablemente la parte más calmada y majestuosa del tebeo, muy bien escenificada y que significa un auténtico remanso de paz entre tanto caos e incertidumbre, en parte gracias a un personaje tan maravilloso como madame Marova, la profesora del personaje principal.


Respecto al dibujo, Loreto Aroca lleva a las viñetas un acabado muy similar al visto en el ya mencionado tomo de La bibliotecaria de Auschwitz (por tener ambas historietas la misma temática y época) aunque con un acabado más pulido pero igualmente satisfactorio al ser hojeado.

En conclusión, si os gustan las historias de dramas humanos durante la guerra y os interesa saber más de Audrey Hepburn antes de ser famosa, dadle una oportunidad a La guerra de Audrey. Podéis haceros con este comic de Planeta por un precio de 15,95€, incluyendo entre sus 148 páginas, además de la obra en sí, algunos extras sobre el proceso de documentación de la trama.

Por último, la dedicatoria que me hizo en el tomo la amable Loreto Aroca durante el Festival de Cómic Europeo de Úbeda de 2025. ¡Gracias de nuevo!