En el ya reseñado festival de literatura de la semana pasada hubo, como de costumbre, una apuesta fuerte por el género del terror… y con un servidor se volvieron varios tomos de este género dedicados, a saber:
Empezamos por Monstruos ibéricos: Ogros y asustaniños
españoles, de Javier Prado (https://www.instagram.com/javiertprado/?hl=es),
un excelente y amplio bestiario repleto de criaturas, con bases más o menos
reales, que se usaban en el pasado para advertir a los más pequeños de cada
casa sobre los distintos peligros que acechan en el mundo. Además de la
excelente recopilación y categorización que hace el autor de algunas de estas
criaturas (no caben todas ni de broma dada la riqueza folclórica española) en número
de sesenta y seis dentro de los diferentes capítulos, tal y como devoradores y
tragones o terrores nocturnos, por solo poner dos ejemplos, también es de
agradecer el hecho de que se pongan monstruos de toda la geografía española,
siendo especialmente interesante cuando la misma criatura aparece en varias
regiones patrias. Si nos detenemos en el tema de la investigación, el autor tampoco
es manco: ha investigado muchísimas fuentes y se atreve incluso a lanzar
hipótesis sobre el origen de algunos de estos mitos que no son ningún
disparate, sino todo lo contrario. El tomo es, además de necesario por
acercarnos leyendas e historias nuestras que corren el peligro de ser olvidadas,
también interesante por acercarnos a la visión del mundo que tenían nuestros
antepasados, especialmente en lo que se refiere a los miedos más atávicos. No
se puede dejar de mencionar el apartado gráfico de este ensayo: junto a cada criatura
descrita, así como en la presentación de cada capítulo, hay una ilustración en
blanco y negro con la que Prado plasma al asustaniños de turno, con unas cuantas
estampas especialmente pesadillescas en las que aparecen, siniestros y
sombríos, unos rostros y siluetas a las que ni de adultos quisiéramos ver entre
las sombras.
Luego tenemos Lo que no veo en el bosque, de Isabel
del Río (https://www.instagram.com/miransaya/),
novela postapocalíptica donde la humanidad se refugia casi en exclusiva en las grandes
ciudades tras haberse rebelado contra nosotros la Naturaleza de manera tan
violenta como rencorosa. No obstante, hay gente que reside todavía en unos pocos
pueblos, si bien la llegada a estos enclaves y la supervivencia de los mismos
es empresa complicada. Eloise, en este contexto, huye de su opresiva ciudad
para volver a Pico de Lobre, el pueblo del que tan buenos recuerdos tiene de
niña con su abuelo y su mejor amiga, Clara, guardabosques en la actualidad. Pero,
y para mala suerte de Eloise, la noche en la que llega a la villa, una niña desaparece
en la robleda de manera misteriosa… Y es que hay algo al acecho entre los
árboles, algo con debilidad por la carne humana.
La mayor fortaleza y debilidad de esta novela es su corta extensión.
Lo bueno: es una obra muy rápida de leer, de capítulos muy cortitos que van
intercalando puntos de vista (Eloise, Clara, el bicho… y alguna cosa más que no
se dirá para no destripar el libro); los diálogos saben cuando mantener el misterio
y cuándo liberarlo, además de ser bastante naturales; los tres personajes principales
ya citados tienen una buena construcción en unas pocas pinceladas… Ahora, lo
malo: se insinúa muchos elementos interesantes, sí… pero no se profundiza en ninguno,
lo que es una pena, puesto que había conceptos interesantes que podían haber
dado mucho juego. A esto hay que añadir que varios sucesos de la trama se
desarrollan demasiado rápido y hubiera estado bien mimarlos un poco más,
especialmente en las partes dedicadas al horror corporal y al horror cósmico,
dos bazas importantes del volumen. Por volver a lo bueno: la autora se apaña
muy bien al hacer encajar entre sí distintos tipos de terror, como los ya
mencionados antes, el terror medioambiental y natural (el más detallado) y
alguno más que no revelo para sorprender a los posibles lectores. Por concluir en este
apartado: obra idónea para amantes de las distopías.
Por último, pero no menos importante, cerramos esta entrada con
la primera parte de Los caminantes, de Carlos Sisí (https://www.instagram.com/carlos.sisi/),
novela en la que un virus se extiende por el mundo a una velocidad de vértigo y
cuyos infectados son no muertos que deambulan por doquier, con miradas que rezuman
odio cada vez que ven a un vivo antes de lanzarse a devorarlo o infectarlo. Así
está la situación en Málaga, donde un buen grupo de supervivientes intenta
crear un ambiente seguro y estable en el complejo deportivo de Carranque, todo
ello mientras sus escuadras limpian de zombis las zonas aledañas del refugio y se
dedican a buscar más supervivientes y recursos. Ahora bien, cuando la situación
empieza a pintar esperanzadora, surge de entre las sombras una mano negra que
dirige a los caminantes contra pequeños grupos aislados de supervivientes para acabar
con ellos. ¿Detendrán esta amenaza los de Carranque o sus cadáveres autómatas se
unirán a las legiones no muertas?
Si te gustan las novelas de zombis, enhorabuena: Los
caminantes es una saga que te va a encantar. Poco voy a decir que no se
haya dicho ya de este libro, pero se intentará: los protagonistas se te hacen
muy cercanos y realistas; sus planes y proyectos son verosímiles, tanto en su
proyección como en ejecución y resultados (para bien y para mal); a esa mano
negra se le coge bastante manía por lo mucho que se simpatiza con los supervivientes,
pero sorprende por su particular control de los zombis; se lee increíblemente
rápido y de manera muy amena; los muertos vivientes son del todo imprevisibles
y en ningún momento hay sensación de control total hacia ellos por parte de los
supervivientes… En otras palabras: si eres fan del género zombi, le tienes que dar una oportunidad sí o sí.






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