domingo, 26 de julio de 2026

El terror que vino firmado del Celsius

En el ya reseñado festival de literatura de la semana pasada hubo, como de costumbre, una apuesta fuerte por el género del terror… y con un servidor se volvieron varios tomos de este género dedicados, a saber:

 



Empezamos por Monstruos ibéricos: Ogros y asustaniños españoles, de Javier Prado (https://www.instagram.com/javiertprado/?hl=es), un excelente y amplio bestiario repleto de criaturas, con bases más o menos reales, que se usaban en el pasado para advertir a los más pequeños de cada casa sobre los distintos peligros que acechan en el mundo. Además de la excelente recopilación y categorización que hace el autor de algunas de estas criaturas (no caben todas ni de broma dada la riqueza folclórica española) en número de sesenta y seis dentro de los diferentes capítulos, tal y como devoradores y tragones o terrores nocturnos, por solo poner dos ejemplos, también es de agradecer el hecho de que se pongan monstruos de toda la geografía española, siendo especialmente interesante cuando la misma criatura aparece en varias regiones patrias. Si nos detenemos en el tema de la investigación, el autor tampoco es manco: ha investigado muchísimas fuentes y se atreve incluso a lanzar hipótesis sobre el origen de algunos de estos mitos que no son ningún disparate, sino todo lo contrario. El tomo es, además de necesario por acercarnos leyendas e historias nuestras que corren el peligro de ser olvidadas, también interesante por acercarnos a la visión del mundo que tenían nuestros antepasados, especialmente en lo que se refiere a los miedos más atávicos. No se puede dejar de mencionar el apartado gráfico de este ensayo: junto a cada criatura descrita, así como en la presentación de cada capítulo, hay una ilustración en blanco y negro con la que Prado plasma al asustaniños de turno, con unas cuantas estampas especialmente pesadillescas en las que aparecen, siniestros y sombríos, unos rostros y siluetas a las que ni de adultos quisiéramos ver entre las sombras.   

 



Luego tenemos Lo que no veo en el bosque, de Isabel del Río (https://www.instagram.com/miransaya/), novela postapocalíptica donde la humanidad se refugia casi en exclusiva en las grandes ciudades tras haberse rebelado contra nosotros la Naturaleza de manera tan violenta como rencorosa. No obstante, hay gente que reside todavía en unos pocos pueblos, si bien la llegada a estos enclaves y la supervivencia de los mismos es empresa complicada. Eloise, en este contexto, huye de su opresiva ciudad para volver a Pico de Lobre, el pueblo del que tan buenos recuerdos tiene de niña con su abuelo y su mejor amiga, Clara, guardabosques en la actualidad. Pero, y para mala suerte de Eloise, la noche en la que llega a la villa, una niña desaparece en la robleda de manera misteriosa… Y es que hay algo al acecho entre los árboles, algo con debilidad por la carne humana.

La mayor fortaleza y debilidad de esta novela es su corta extensión. Lo bueno: es una obra muy rápida de leer, de capítulos muy cortitos que van intercalando puntos de vista (Eloise, Clara, el bicho… y alguna cosa más que no se dirá para no destripar el libro); los diálogos saben cuando mantener el misterio y cuándo liberarlo, además de ser bastante naturales; los tres personajes principales ya citados tienen una buena construcción en unas pocas pinceladas… Ahora, lo malo: se insinúa muchos elementos interesantes, sí… pero no se profundiza en ninguno, lo que es una pena, puesto que había conceptos interesantes que podían haber dado mucho juego. A esto hay que añadir que varios sucesos de la trama se desarrollan demasiado rápido y hubiera estado bien mimarlos un poco más, especialmente en las partes dedicadas al horror corporal y al horror cósmico, dos bazas importantes del volumen. Por volver a lo bueno: la autora se apaña muy bien al hacer encajar entre sí distintos tipos de terror, como los ya mencionados antes, el terror medioambiental y natural (el más detallado) y alguno más que no revelo para sorprender a los posibles lectores. Por concluir en este apartado: obra idónea para amantes de las distopías.

 



Por último, pero no menos importante, cerramos esta entrada con la primera parte de Los caminantes, de Carlos Sisí (https://www.instagram.com/carlos.sisi/), novela en la que un virus se extiende por el mundo a una velocidad de vértigo y cuyos infectados son no muertos que deambulan por doquier, con miradas que rezuman odio cada vez que ven a un vivo antes de lanzarse a devorarlo o infectarlo. Así está la situación en Málaga, donde un buen grupo de supervivientes intenta crear un ambiente seguro y estable en el complejo deportivo de Carranque, todo ello mientras sus escuadras limpian de zombis las zonas aledañas del refugio y se dedican a buscar más supervivientes y recursos. Ahora bien, cuando la situación empieza a pintar esperanzadora, surge de entre las sombras una mano negra que dirige a los caminantes contra pequeños grupos aislados de supervivientes para acabar con ellos. ¿Detendrán esta amenaza los de Carranque o sus cadáveres autómatas se unirán a las legiones no muertas?

Si te gustan las novelas de zombis, enhorabuena: Los caminantes es una saga que te va a encantar. Poco voy a decir que no se haya dicho ya de este libro, pero se intentará: los protagonistas se te hacen muy cercanos y realistas; sus planes y proyectos son verosímiles, tanto en su proyección como en ejecución y resultados (para bien y para mal); a esa mano negra se le coge bastante manía por lo mucho que se simpatiza con los supervivientes, pero sorprende por su particular control de los zombis; se lee increíblemente rápido y de manera muy amena; los muertos vivientes son del todo imprevisibles y en ningún momento hay sensación de control total hacia ellos por parte de los supervivientes… En otras palabras: si eres fan del género zombi, le tienes que dar una oportunidad sí o sí. 

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