Lo dicho en el título: cuatro historietas de distintas mujeres, cada una con su nacionalidad y su época, muy distintas entre sí salvo por que dieron mucho de qué hablar en los tiempos que les tocó vivir.
En Soy la Malinche, de Alicia Jaraba Abellán (https://www.instagram.com/ alicia_jaraba/), Malitzin, Doña Marina o Malinche (según quién se refiera a ella) fue la mujer clave en la conquista española del Imperio Mexica. Originalmente una joven que fue vendida como esclava a los mayas, sería más adelante liberada por los españoles y pasaría a desempeñar, junto a Jerónimo de Aguilar, el papel de traductora de Hernán Cortés en su paso por América.
Una de las mujeres más polémicas del siglo XVI (traidora para unos, heroína para otros), la Malinche es fuera de toda duda una de las mujeres más importantes de la época renacentista y sirvió de puente entre dos mundos. Así, gracias a su protagonismo, vemos como era el México precolombino antes de la llegada de los españoles, sin romanticismos: podía haber momentos dulces y familiares, pero era ante todo una realidad dura donde la violencia y la esclavitud eran algo del día a día. Pese a que hay algo de leyendanegrismo (como al decir que los españoles no se lavaban), el cómic cumple bastante bien en cuanto a rigor histórico y si bien hay algunas licencias que se toma, tal y como en la fusión de carácteres de Gonzalo Guerrero con el ya mentado Jerónimo de Aguilar, la lectura es bastante fiel a la documentación de la época. Así, por ejemplo, Cortés, sale muy bien parado y se le representa lejos de los mitos más recientes, de tal manera que la evolución que va teniendo la relación de este y la protagonista no solo se siente orgánica, sino verosímil y bonita. La obra no incluye toda la vida de la biografiada, pero sí desde su niñez hasta el momento que entra junto a Cortés y sus hombres en Tenochtitlán (decisión está arriesgada y que al principio escama, pero que se acaba entendiendo por necesaria, ya que, en caso contrario, el tebeo se habría hecho muy largo y, por otra parte, lo que ocurre de ahí en adelante es bastante conocido). Por otro lado, las ilustraciones de Jaraba son de lo más bonitas y tienen detalles muy agradecidos, como los mapas que nos permiten tener localizada a Marina en todo momento dentro de Tierra Firme en todo momento al principio de cada capítulo o la manera de mostrar al lector cómo la protagonista reacciona ante los nuevos idiomas con los que se topa y en cómo los aprende.
En La Bella Otero: Confesiones, de Carolina Corvillo (https://www.instagram.com/ carolinacorvillo) y María Pesado (https://www.instagram.com/ maria.pesado/), la famosa diva está en la cima de su carrera pero, cuando se encuentra sola, es acorralada por Abigail, la antigua mujer de Ernest Jurgens, el representante que la llevó a la fama internacional. Mientras esta mujer la encañona y la interroga sobre los motivos que llevaron a su antiguo marido a quitarse la vida, bajo la amenaza del arma, Otero se ve obligada a contar su vida hasta aquel momento mientras intenta ver cómo escapar de la muerte.
Se agradece de este comic que Corvillo no haya puesto a la protagonista a relatar su vida desde la ancianidad, ya que eso se ha hecho mucho y que, en su lugar, se vea obligada a hacerlo encañonada, para rendir cuentas. Los elementos puramente biográficos, así, están muy bien equilibrados con los más novelescos, lo cual no ayuda solo a la narrativa, sino también a los histórico, ya que el tebeo es un fresco bastante bien conseguido del mundo del espectáculo y de los amores mercenarios de la belle époque. Hacer simpatizar al lector con este personaje era difícil, pero el desafío se supera: tras la aparente capa de frivolidad del personaje, hay detalles que hacen que le cojas simpatía como lector y, sobre todo, lástima. Respecto a esto último, María Pesado hace una gran labor gráfica: sus dibujos transmiten muy bien la sensualidad de Otero, lo mismo en sus bailes que en sus escenas de cama, cayendo más en el erotismo que en la pornografía, lo cual no es tarea fácil, ya que fue a través de la prostitución de su cuerpo ante los poderosos que está artista llegó tan alto.
En Ava, de Ana Miralles (https://www.instagram.com/ anamirallescomic/) y Emilio Ruiz (https://www.instagram.com/ emilioruizzavala/), se relatan los dos días que la famosa actriz Ava Gardner pasó en Río de Janeiro en 1954 durante la promoción de su película La condesa descalza. Pero la promoción será de todo menos tranquila: el público brasileño está obsesionado con ella hasta el punto de echarse encima de su cuerpo, la prensa no para de acosarla e inventar historias sobre ella, los controles de aduana ponen todos los obstáculos posibles... y, para empeorar las cosas, el país está de luto por el suicidio de su presidente, todo lo cual crea un clima idóneo para la catastrofe.
La biografía más corta en cuanto a extensión temporal se refiere, al solo abarcar 48 horas, aunque con un par de recuerdos pasados que le dan más humanidad a la protagonista. El Hollywood de antaño es clave para el relato, con todo lo bueno y todo lo malo: el aura de superestrella de la protagonista, el cómo aprovechaban las productoras los escándalos para obtener publicidad gratuita, las invenciones y fuentes no demasiado contrastadas de la prensa sensacionalista... Las anécdotas que nos relata la propia Ava, su doncella o su agente sobre la misma son bastante interesantes y contribuyen a crear de ella un retrato mucho más humano y completo del que ha quedado en la memoria colectiva; por otra parte, el momento que más acerca el tebeo al cine de Gardner es la aparición de Howard Hughes en Río y, si bien es totalmente ficticia, ayuda en mucho a plasmar cómo fue su relación y da lugar a unas cuantas páginas potentes. El glamour de Ava, por otro parte, ha quedado excelentemente reflejado por los lápices de Miralles, tanto en belleza como en gestos y posturas, con unas viñetas francamente deliciosas con las que es fácil quedarse embobado. Y no solo en lo que a Ava se refiere: los secundarios, la arquitectura carioca, las salas de fiesta, el coloreado... todo ello contribuye a una gran degustación visual.
Por último, en Isabel: La loba de Francia de Thierry y Marie Gloris (https://www.instagram.com/ thierrygloris/) y Jaime Calderón (https://www.instagram.com/ jaimecalderondibujante/), Isabel es la hija del rey Felipe IV de Francia y esposa del rey Eduardo II de Inglaterra. Si bien está así excelentemente posicionada para servir de nexo entre galos y anglos, ella es bastante infeliz, puesto que no solo no ama a su marido (lo cual es recíproco, ya que el inglés está más interesado en jovencitos que en su esposa) sino que este la desprecia en privado e incluso en público. Ahora bien, tras la ejecución de los templarios, los acontecimientos empiezan a sucederse rápidamente en Francia... e Isabel, aún desde el otro lado del Canal de la Mancha, se verá inmersa en toda esta agitación política, especialmente cuando esta se extienda a su nuevo reino en forma de rebeliones hacia su marido.
El dibujo de Jaime Calderón tiene una potencia visual enorme, así que este tebeo ya llamaba mi atención desde hace un tiempo, por lo que el volumen recopilatorio con los dos números de la presente serie acabaron por caer en mis manos. Ya dentro del argumento en sí, el tomo tiene como primer acierto hacer sentir mucha empatía hacia la figura de la protagonista, la cual a menudo es vista de manera oscura e intrigante en el legendario (baste con ver su apodo) y crear a un personaje verosímil y coherente consigo misma y con todo lo que tuvo que vivir, cada vez más activa y menos pasiva y con una agenda más clara y atrevida. En ese sentido, otro punto a favor del tebeo: se refleja muy bien las turbulentas realidades que le tocaron vivir a Francia e Inglaterra a principios del XIV y que acabaron por desembocar en la Guerra de los Cien Años. Las conspiraciones están, naturalmente, a la orden del día y, si bien se nota la influencia de Canción de hielo y fuego y Juego de Tronos en algunas de ellas, están bien implementadas y plasman bien los golpes de estado y ambiciones de los personajes que pueblan las viñetas de la historieta. No faltan tampoco escenas bélicas, de caza, palaciegas, de ajusticiamiento, de gastronomía... Y todo ello magníficamente ilustrado por Calderón que, pese a algún gazapo anacrónico, cumple bastante bien en lo que a ilustrar la época que abarca desde la infancia hasta la juventud del futuro Eduardo III de Inglaterra.









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